
Tuxkaha 28 de febrero de 1525 hace exactamente 500 años, mientras el grupo de maltrechos hombres encabezados por Hernán Cortés reanudan la marcha para regresar a Coyoacán, dejan olvidado en medio de la selva maya el cuerpo de Cuauhtémoc, quien hace 3 años y medio fue capturado en Tlatelolco y con ello entregó su ciudad a los “teules” cristianos. Después de la ejecución de Cuauhtémoc otros tlatoanis tomaron su lugar. La historia de la conquista giraría en torno a la figura de Moctezuma como último gran señor de la antigua Tenochtitlán. Sin embargo, a partir del siglo XIX, con la creación de México como país, Cuauhtémoc se convirtió en la figura central del relato de nación y arquetipo que encarna la esencia del naciente ciudadano mexicano.
Debo establecer que Cuauhtémoc es hasta el día de hoy el arquetipo del mexicano creado par darle identidad al ciudadano del estado nación moderno, y ha sido visto como un líder indígena que no se doblegó aunque no tenía posibilidad de victoria, que a pesar de ser torturado no reveló la información de su tesoro (aunque, si hubo confesión y el tesoro ya no existía para entonces) y que para ser suprimido lo tuvieron que eliminar vilmente en medio de los pantanos. Y lo más importante, a pesar de su valor, fuerza y entereza, es el mexicano inminentemente derrotado. Muchos en México han crecido con una adoración a este personaje, al que incluso se le han construido santuarios y se le rinden homenajes creando un halo de divinidad a su alrededor, pero ¿es un personaje realmente tan importante para comprender nuestra historia?
García Holguín interceptó una canoa que salía a prisa de Tlatelolco y aunque no vestía sus atributos de tlatoani pudo distinguir a Cuauhtémoc en huida. García estaba destacado al norte durante el sitio de Tenochtitlán mientras el capitán General, Hernán Cortés dirigía las incursiones a la isla por el su-poniente. Durante un siglo, Tenochtitlán había sido considerada inconquistable, estaba protegida por poderosas deidades y rodeada de agua, pero ahora, con la presencia de bergantines españoles que salieron desde Texcoco, el agua se había convertido en una trampa mortal. Durante más de dos meses un millar de españoles y cerca de 100 mil indigenas habían mantenido en cautiverio igualmente a los aproximadamente 100 mil habitantes de Tenochtitlán, sin agua potable o alimento suficiente, la población descendía rápidamente y era difícil que se enfrentaran a guerreros bien alimentados y descansados, que hacían relevos cada día. Para los habitantes de Tenochtitlán, no había forma de ganar esa guerra; algunos seguían confiando en que sus dioses harían el milagro mientras otros ansiaban la rendición.
Al momento que entraban a Tenochtitlán los contingentes tlaxcaltecas (acerrimos enemigos) o acolhuas (otrora grandes aliados) así como huexotzincas, o chalcas, se topaban con los débiles, enfermos y famélicos tenochcas, a quienes no dejaban vivos. Se puede entender la rivalidad Tlaxcalteca o el rencor de los Chalcas, huexotincas, e incluso de los xochimilcas, pero los acolhuas habían sido sus principales aliados, aunque miraran a los tenochcas por debajo del hombro por su idolatría y salvajismo, eran aliados al fin. Y es que acabar totalmente con el enemigo era simplemente la forma de hacer la hacer la guerra en ese entonces, se tenía que dejar en ruinas el corazón de la ciudad, el “iyolloco in altepetl”, para fundar un corazón nuevo, como había ocurrido tantas veces, tal vez demasiadas veces en la historia de esta tierra. Pero para Cortés era diferente, el quería establecer ahí la capital de la Nueva España y no quería tomar posesión de una ciudad de cadáveres, a lo largo de todo el sitio, intentó que Cuauhtémoc saliera a pactar la paz, por el contrario, este daba ordenes de ejecutar ritualmente a los españoles y tlaxcaltecas que lograban capturar, quienes eran arrojados a las ollas para alimento y fuerza de los guerreros, que se seguían mostrando feroces, soberbios e intimidantes a pesar de no tener posibilidad de victoria.

Pero llegó el día en que no había nada más que hacer, un día de san Hipólito, 13 de agosto de 1521 del calendario juliano, Cuauhtémoc fue capturado por García Holguin y llevado ante Cortés quien encabezaba las incursiones, Cuauhtémoc le dijo que había hecho todo lo que le correspondía y era hora de su muerte, señalando la daga que portaba el conquistador en su cinturón le pidió que le extrajera el corazón, Cortés le explicó que esa no sería más la costumbre de esta tierra y no solo eso, le pidió que siguiera siendo el señor de Tenochtitlán. Seguramente el tlatoani se sintió triplemente humillado no solo por la derrota, sino por que se le negó el honorable sacrificio y además quedó como un cautivo.
Para colmo, fue interrogado y torturado por el tesorero real, Julián de Alderete, quien pensaba falsamente que Cuauhtémoc seguía guardando el mítico tesoro de Moctezuma. Para Cuauhtémoc, rendirse nunca fue una opción, mucho menos ser hecho vasallo de alguien más, solo existían o la victoria u ofrendar su corazón a las deidades. Lo que estaba sucediendo, no tenía ningún sentido para el. Es decir, no estaba defendiendo a la nación mexicana, estaba actuando con base en sus creencias e intereses, igual que los otros líderes indigenas.
Esto es algo que todo historiador sabe, pero pasa desapercibido para el público, Cuauhtémoc se mantuvo como tlatonai por tres años más en Tenochtitlán, aunque su papel estaba lejos de ser el de un gran señor como había sido Moctezuma, ordenó la limpieza de la ciudad, envió ejércitos para pacificar regiones rebeldes y conquistar otras tierras con sus nuevos aliados y ordenó que los españoles que habían tomado mujeres tenochcas las devolvieron a sus casas, por cierto algunas quisieron volver y otras no. A pesar de estás acciones era claro que no estaba conforme con el establecimiento del nuevo orden, y aquí comenzaré con una de las primeras revisiones del papel de Cuahutemoc. ¿realmente fue el último tlatoani? Si por un lado, nunca estuvo en la posición de señorear amplios territorios y por otro lado, cuando murió fue sucedido por otros tlatoanis como ya veremos. El hecho de que nos enseñen que fue el último tlatoani tiene mucho que ver con la construcción de la identidad mexicana moderna, pero en una siguiente publicación seguiré con el tema.
